Como los teléfonos nuevos cuestan cientos de dólares, algunos propietarios quizá puedan aplazar la renovación si solucionan los problemas que hacen que un dispositivo Android antiguo sea menos práctico. Entre las medidas útiles están comprobar el estado de la batería, proteger el teléfono de daños y mantener actualizado su software.
Una batería desgastada puede descargarse rápidamente y contribuir a que el rendimiento sea lento, haya retrasos o el teléfono se bloquee. Cambiarla puede costar mucho menos que comprar otro teléfono, aunque el precio depende de si el dispositivo tiene una tapa trasera extraíble o requiere una reparación profesional. Las funciones de ahorro de batería también pueden reducir el consumo de energía: los teléfonos Android pueden ofrecer modos que ajustan opciones como el brillo de la pantalla, mientras que algunos modelos Pixel y Samsung pueden limitar la actividad en segundo plano de las aplicaciones menos utilizadas.
La fuente también recomienda mantener la carga entre el 20 y el 80 por ciento, incluso durante la noche, para reducir el desgaste de la batería. Cita a LiTime para respaldar la afirmación de que esta práctica podría ayudar a que una batería dure entre dos y tres veces más que otra que se carga habitualmente al 100 por ciento.
Una funda resistente y un protector de pantalla pueden ayudar a evitar daños por caídas. El agarre adicional y la absorción de impactos pueden resultar especialmente útiles si, de otro modo, cambiar una pantalla agrietada llevaría a una costosa renovación del teléfono.
Instalar las actualizaciones de Android disponibles puede proporcionar parches de seguridad y ayudar a que las aplicaciones sigan siendo compatibles. Sin embargo, las versiones más recientes del sistema operativo pueden exigir más a los procesadores antiguos y a la memoria limitada, lo que podría reducir el rendimiento. Las actualizaciones pueden alargar la vida útil de un teléfono, pero las limitaciones del hardware quizá hagan necesario reemplazarlo con el tiempo.
Fuentes: Engadget.
