Elegir un monitor para juegos comienza por tener en cuenta el hardware al que se conectará y los juegos que juegas. Un PC de gama alta quizá pueda aprovechar una pantalla 4K con una frecuencia de actualización rápida, mientras que una tarjeta gráfica menos potente puede no generar suficientes fotogramas como para justificar pagar por un monitor de 240 Hz. Los juegos competitivos suelen beneficiarse de dar prioridad a la frecuencia de fotogramas, mientras que los títulos para un solo jugador con gráficos exigentes pueden hacer que una resolución más alta sea una mejor opción.

El artículo recomienda comprobar el rendimiento real antes de comprar. Las superposiciones dentro del juego de Steam, NVIDIA o Xbox pueden mostrar las frecuencias de fotogramas, y herramientas como 3DMark y las pruebas de rendimiento integradas en los juegos ofrecen otra forma de medirlas. Probar varios juegos representativos puede ayudar a determinar lo que el sistema es capaz de ofrecer. En consolas de la generación actual, como PlayStation 5 Pro y Xbox Series X, la frecuencia de actualización máxima es de 120 Hz, según el artículo; por tanto, destinar el presupuesto a una pantalla más grande o de mayor resolución puede ser mejor que gastarlo en un panel más rápido.

El tamaño de pantalla y la resolución también dependen del uso que se le dará al monitor. Las pantallas más pequeñas, a menudo de unas 24 pulgadas, pueden ser adecuadas para jugadores de esports que quieran mantener toda la acción a la vista. Quienes busquen una experiencia más inmersiva en juegos para un solo jugador quizá prefieran pantallas de 27 pulgadas o más. Con la misma resolución, una pantalla más pequeña tiene una mayor densidad de píxeles. La relación de aspecto estándar para juegos es 16:9, aunque algunos jugadores eligen pantallas ultrapanorámicas: estas pueden ampliar el campo de visión, pero también alejar del centro información importante de la interfaz.

En cuanto a la tecnología de panel, el artículo destaca OLED y Fast IPS. OLED ofrece negros profundos, gran contraste, colores precisos y tiempos de respuesta muy rápidos, por lo que resulta especialmente atractiva para jugar con HDR. Entre sus limitaciones están el riesgo de quemado de imagen causado por imágenes estáticas, un brillo inferior al de las pantallas LCD en habitaciones luminosas, posibles franjas de color en el texto o parpadeos en movimiento, y un precio más elevado. Los modelos OLED más recientes incorporan funciones como el desplazamiento de píxeles y ciclos de limpieza para reducir el desgaste desigual, pero la pantalla sigue requiriendo cuidado.

Fast IPS se presenta como una alternativa más versátil, sobre todo para habitaciones luminosas, tareas de productividad o presupuestos más ajustados. En general, los paneles IPS ofrecen buenos colores y ángulos de visión, mientras que Fast IPS reduce el desenfoque de movimiento asociado a los IPS convencionales. El artículo señala que, a finales de 2026, los precios de las pantallas OLED parten de unos 400 dólares y recomienda estar atento a las ofertas.

La frecuencia de actualización variable (VRR) puede reducir el desgarro de pantalla, que se produce cuando la tarjeta gráfica y el monitor muestran fotogramas a distintas frecuencias. G-Sync, FreeSync y Adaptive Sync son ejemplos de VRR, y el artículo indica que esta compatibilidad está muy extendida y no suele suponer un sobreprecio importante. Muchos monitores FreeSync también cuentan con la certificación G-Sync Compatible, por lo que no siempre hace falta un módulo G-Sync específico.

La compatibilidad con consolas varía según el sistema: Xbox Series X y Series S son compatibles con FreeSync, mientras que PlayStation 5 y PS5 Pro son compatibles con HDMI 2.1 VRR. La VRR también depende de usar un cable compatible. El artículo recomienda DisplayPort 1.2a o posterior para las conexiones DisplayPort y señala que HDMI 2.1 y las versiones más recientes ofrecen la compatibilidad más completa.

Fuentes: Engadget.