Un SSD que sobra tras actualizar un portátil o que pertenece a un dispositivo sin uso puede servir como almacenamiento externo. Al instalarlo en una carcasa compatible, puede funcionar como unidad portátil y ofrecer velocidades de lectura y escritura superiores a las de una memoria USB típica, además de dar una segunda vida al hardware.
Primero, comprueba si puedes extraer el SSD. Algunos portátiles delgados, incluidos ciertos MacBook, tienen el almacenamiento soldado a la placa lógica. Si la unidad es extraíble, elige una carcasa que corresponda con su tipo: entre las opciones más comunes están las unidades SATA de 2,5 pulgadas y las M.2 NVMe, más pequeñas y rápidas.
Antes de formatear la unidad, comprueba si contiene archivos que quieras conservar y evalúa el estado del SSD. La fuente recomienda utilizar Utilidad de Discos en macOS o Administración de discos en Windows para comprobar su estado. Si la unidad está cerca del final de su vida útil, resérvala para archivos que puedas permitirte perder, como juegos grandes.
Después de hacer una copia de seguridad de todo lo importante, formatea el SSD para borrar sus datos e instálalo en la carcasa. Muchas carcasas se conectan mediante USB-C, lo que permite conectar la unidad reutilizada a dispositivos compatibles para usarla como almacenamiento externo.
Fuentes: Engadget.