Durante años, las empresas tecnológicas añadieron pantallas a cada vez más productos, desde relojes y automóviles hasta electrodomésticos. Ahora está surgiendo un enfoque distinto: dispositivos que reducen al mínimo sus pantallas o prescinden de ellas por completo.
Este cambio no es simplemente un regreso a tecnologías antiguas. La IA generativa, los asistentes de voz y los sistemas que entienden el lenguaje natural permiten pedir información o realizar tareas sin tener que revisar menús y aplicaciones. Los diseñadores suelen describir este enfoque como tecnología «ambiental» o «invisible»: productos que permanecen en segundo plano y entran en acción cuando se necesitan.
El interés también ha aumentado en medio de la preocupación por el exceso de notificaciones y el tiempo que se pasa mirando dispositivos digitales. Los altavoces inteligentes, como Amazon Echo Dot, Apple HomePod Mini y Google Nest Mini, han contribuido a familiarizar a la gente con la interacción por voz, al permitir que los usuarios pidan música, consulten el tiempo o controlen dispositivos conectados sin una pantalla.
Otros ejemplos incluyen auriculares y gafas inteligentes que proporcionan información mediante audio, así como pulseras de actividad sin pantalla. Los productos mencionados en el informe original incluyen Fitbit Air, ēllu band y Amazfit Helio Strap, diseñados para registrar la actividad, ofrecer funciones de seguridad o facilitar el entrenamiento y la recuperación.
El Humane AI Pin fue un ejemplo más ambicioso. Presentado en el Mobile World Congress de 2024, estaba diseñado para llevarse en la ropa y controlarse mediante la voz, gestos y una proyección de luz sobre la mano del usuario. No logró convencer al mercado y se retiró menos de un año después de su lanzamiento, tras la adquisición por parte de HP de gran parte de la empresa. Sin embargo, su destino no ha puesto fin a los esfuerzos por desarrollar alternativas.
Los dispositivos sin pantalla prometen reducir la dependencia de las interfaces visuales y agilizar las tareas sencillas. Por ejemplo, pedir en voz alta que se encienda una luz o se reproduzca una canción puede resultar más fácil que abrir una aplicación. Algunos diseñadores también consideran que este enfoque permite contrarrestar la economía de la atención, en la que las aplicaciones compiten por captar el interés de los usuarios.
Hay contrapartidas. Las pantallas siguen siendo eficaces para presentar grandes cantidades de información, comparar opciones y realizar tareas complejas. Los dispositivos que dependen de micrófonos y del procesamiento de voz también plantean problemas de privacidad, como la forma en que se recopilan, utilizan y protegen los datos personales.
Es poco probable que el futuro prescinda de las pantallas. Un resultado más plausible es un modelo híbrido: voz, IA y automatización para las interacciones cotidianas, con pantallas visuales disponibles cuando la tarea las requiera.
Fuentes: El País Tecnología.