USB-C es ahora un puerto habitual en los dispositivos, pero su nombre no esconde ningún significado especial. La «C» identifica el conector dentro de la secuencia de nombres USB Type-A, Type-B y Type-C; no es la abreviatura de «conectividad», «carga» ni de otra palabra que empiece por C.
El nombre del conector tampoco garantiza una velocidad o un conjunto de funciones determinados. USB-C describe la forma del enchufe, mientras que las velocidades de transferencia de datos y la potencia disponibles dependen del dispositivo y del cable. No todos los puertos USB-C admiten carga rápida, transferencia de datos de alta velocidad o salida de vídeo, y USB-C no es lo mismo que Thunderbolt.
Los conectores USB anteriores tenían formas distintas para el equipo anfitrión y el periférico. Type-A se conectaba normalmente a un ordenador o a una fuente de alimentación, mientras que Type-B se conectaba a dispositivos como impresoras y escáneres. Las versiones posteriores incorporaron conectores mini y micro, además de convenciones de colores que los fabricantes no estaban obligados a respetar.
USB Type-C quedó finalizado en agosto de 2014. Su diseño compacto y reversible permite enchufarlo en cualquiera de los dos sentidos, y usa la misma forma de conector en ambos extremos. La fuente señala que USB4 Version 2.0 puede alcanzar velocidades de hasta 80Gbps mediante el conector Type-C, aunque las capacidades de cada conexión concreta siguen dependiendo del cable y de los dispositivos utilizados.
A pesar de su versatilidad, el diseño tiene inconvenientes: la fina lengüeta de plástico del interior de la toma puede doblarse o romperse, y conectar el enchufe todavía puede resultar incómodo. Actualmente no hay planes claros para crear un conector Type-D.
Fuentes: Engadget.