La respuesta de Graham Raabe a un entrevistador laboral de IA es deliberadamente absurda. Se presenta como “Chick Bongo” y afirma tener experiencia gestionando “badger margin” y trabajando con “sprocket moss”, mientras el bot responde con entusiasmo programado. Cuando le preguntan cuáles son sus expectativas salariales, Raabe dice “seiscientos”, lo que lleva al sistema a interpretar la cifra como una solicitud de 600.000 dólares.

El intercambio forma parte de la serie “How to Fail Your AI Interview” de Raabe, un formato cómico que ha ayudado a duplicar su audiencia en Instagram, de aproximadamente 50.000 a más de 100.000 seguidores en dos meses. Raabe, que trabaja como gerente de un equipo de ventas de tecnología financiera, también lleva años intentando abrirse camino en el stand-up y la escritura de guiones, y se formó en improvisación y sketch en Upright Citizens Brigade.

Comenzó a publicar comedia sobre el entorno laboral en Instagram y TikTok en mayo, centrándose inicialmente en el lenguaje corporativo en lugar de la inteligencia artificial. En sus sketches sustituyó expresiones habituales de las reuniones por alternativas absurdas como “el halcón está en tu guante”. Más tarde utilizó chatbots para generar retos de jerga corporativa antes de desarrollar el concepto del entrevistador de IA con avatares de video personalizables de la empresa de investigación Tavus.

Raabe afirma que la IA funciona especialmente bien como compañera de comedia porque desempeña el papel de una intérprete excesivamente seria que reacciona literalmente a sus improvisaciones. La serie atrajo comentarios de espectadores que describían sus propias experiencias con procesos automatizados de selección laboral, y posteriormente Raabe firmó con Dulcedo Management.

Alex Melendez, director asociado de Dulcedo, afirma que la agencia descubrió a Raabe cuando tenía menos de 10.000 seguidores. En su opinión, el humor surge de la brecha entre las grandes afirmaciones que se hacen sobre la IA y la dificultad de la tecnología para realizar tareas básicas. Sostiene que la comedia ofrece al público una forma de procesar un cambio cultural que, de otro modo, resultaría intimidante.

Otros creadores han construido carreras similares al centrarse en las limitaciones de la IA. Los videos de Matt Husk suelen mostrar a ChatGPT fracasando en tareas que van desde contar hasta utilizar un cronómetro. Su contenido ha atraído a unos 2 millones de seguidores en Instagram, TikTok y YouTube, y firmó con la agencia de talentos Unicorn.

Los videos de Husk también han llamado la atención de OpenAI. Durante una aparición en el pódcast tecnológico Mostly Human, el director ejecutivo Sam Altman reaccionó a un clip en el que ChatGPT trataba unos pocos segundos como aproximadamente 10 minutos cuando se utilizaba como temporizador. Altman describió el problema como conocido y dijo que el modelo de voz podría necesitar otro año para manejar el tiempo con precisión.

Sam Wassef adopta un enfoque diferente y representa a un chatbot humanoide que habla con el estilo divagante y contradictorio asociado a las respuestas generadas por IA. Su cuenta de Instagram, @ahh.gpt, tiene más de 860.000 seguidores. Sus videos forman parte de una serie prevista de 100 publicaciones y se han ampliado a escenas más elaboradas, incluida una ambientada en un centro comercial vacío.

Wassef está representado por Night Media, mientras que Husk trabaja con Unicorn y Raabe con Dulcedo. Sus contratos reflejan el creciente interés de la industria del entretenimiento por los creadores capaces de encontrar enfoques cómicos originales sobre la IA, mientras los estudios incorporan la tecnología a la producción cinematográfica y televisiva.

Los representantes de los creadores también consideran que los formatos centrados en la IA son un punto de partida y no el negocio completo. Melendez afirma que el objetivo a largo plazo es que el público siga a los propios intérpretes, no solo una tendencia viral o un formato recurrente. Según su valoración, la atención viral puede crear una oportunidad, pero las carreras sostenibles dependen del talento que hay detrás.

Fuentes: WIRED.