Durante años de inmersiones en aguas de Indonesia, los biólogos Julian Finn, Tom Tregenza y Mark Norman observaron a pulpos venosos (Amphioctopus marginatus) recoger mitades de cáscaras de coco, limpiarlas con chorros de agua y transportarlas por fondos marinos arenosos y fangosos. Algunos trayectos llegaban hasta los 20 metros. El equipo documentó el comportamiento en 20 pulpos y registró cuatro casos de transporte de cáscaras.

Los animales se desplazaban con las cáscaras sujetas bajo el cuerpo, extendían los brazos por encima de los bordes y caminaban sobre las puntas de sus extremidades. Los investigadores lo llamaron «caminar sobre zancos». Era una forma lenta y expuesta de desplazarse, sobre todo porque los pulpos pueden escapar rápidamente de otras maneras, mediante propulsión a chorro.

El propósito quedó claro al final del trayecto. El pulpo se metía en una de las mitades y, cuando tenía dos, colocaba la otra sobre su cuerpo para crear un refugio cerrado. Mantenía las piezas unidas con sus ventosas. En fondos marinos abiertos con pocos escondites naturales, las cáscaras ofrecían un refugio portátil que el animal podía montar cuando se sentía amenazado.

En un artículo publicado en Current Biology el 15 de diciembre de 2009, los investigadores describieron el comportamiento como uso defensivo de herramientas. A diferencia de un cangrejo ermitaño, que permanece protegido dentro de su concha mientras se desplaza, el pulpo transportaba las mitades de coco sin obtener protección hasta que las ensamblaba en su destino. Esa separación entre transportar un objeto y utilizarlo más tarde fue fundamental para la interpretación del equipo.

Los científicos plantearon que el comportamiento podría haberse desarrollado a partir del uso por parte de los pulpos de grandes conchas de moluscos que se encuentran de forma natural en el fondo marino. Las cáscaras de coco desechadas por las comunidades costeras podrían haber proporcionado otro material resistente y apilable. El estudio no estableció cuándo comenzó el comportamiento ni demostró que lo causaran los residuos humanos. La observación tampoco prueba que los pulpos planificaran conscientemente un uso futuro; la definición científica del uso de herramientas sigue siendo objeto de debate.

El hallazgo se sumó a las pruebas de las diversas maneras en que los cefalópodos interactúan con su entorno. En este caso, los pulpos recogieron, transportaron y ensamblaron objetos para satisfacer una necesidad defensiva, convirtiendo cáscaras desechadas en refugios temporales.

Fuentes: Xataka.