Una camisa que parece de un color en una tienda y de otro en casa quizá no haya cambiado. Las distintas fuentes de luz pueden alterar el aspecto de los objetos porque emiten diferentes distribuciones de luz a lo largo del espectro visible, lo que afecta a los colores que se reflejan en nuestros ojos.

El índice de reproducción cromática, o CRI (también conocido por la abreviatura portuguesa IRC), mide con qué fidelidad una fuente de luz reproduce los colores en comparación con una referencia. La cifra que suele aparecer en las especificaciones de los productos es Ra, un promedio basado en ocho muestras de color moderadamente saturadas, de R1 a R8.

Ra puede llegar a 100, pero eso no significa que una bombilla sea perfecta en todos los aspectos de la iluminación ni que todos los colores se vean idénticos bajo su luz. La referencia utilizada en el cálculo depende de la temperatura de color de la luz. Por tanto, un CRI de 100 no significa que una lámpara produzca luz solar ni que su luz tenga un aspecto frío.

La temperatura de color, expresada en kelvin (K), describe si la luz blanca parece cálida, neutra o fría. En torno a 2700 K suele ser cálida y amarillenta; a 4000 K, más neutra, y a 6500 K, más fría y azulada. La temperatura de color y la reproducción cromática son propiedades distintas: las bombillas con la misma temperatura pueden hacer que los objetos se vean diferentes, y una bombilla más cálida no necesariamente tiene un CRI más bajo.

Una limitación de Ra es que no incluye R9, una muestra que representa el rojo saturado. Por eso, una lámpara puede tener un CRI general aparentemente alto y, aun así, reproducir con menos precisión los rojos intensos. Puede valer la pena comprobar el R9 al elegir iluminación para alimentos, telas, madera o rostros.

Como guía práctica, el Departamento de Energía de EE. UU. recomienda un CRI de 80 como mínimo para la iluminación interior y considera que las puntuaciones de 90 o más indican una fidelidad cromática excelente. Para quienes se preocupan por el aspecto de los alimentos, la ropa o la decoración, comparar productos con un Ra de al menos 90 es una opción razonable. Estas son pautas para elegir, y la calidad de la iluminación puede implicar compromisos entre fidelidad cromática, coste y eficacia luminosa.

El CRI no es la única medida disponible. En 2025, la Comisión Internacional de Iluminación recomendó que el sector comenzara a adoptar el índice general de fidelidad cromática Rf, que utiliza 99 muestras de color. Durante la transición, recomienda mostrar tanto Rf como Ra. Esta recomendación no significa que el CRI haya dejado de ser útil ni que todos los envases de los productos hayan cambiado de golpe.

Algunos productos también indican métricas ANSI/IES TM-30. Estas incluyen Rf para la fidelidad cromática y Rg para los cambios promedio en la gama de colores: los valores superiores a 100 indican un aumento promedio, mientras que los inferiores a 100 indican una reducción promedio. Una puntuación general aún puede ocultar diferencias entre grupos de colores, y la fidelidad no equivale a la preferencia visual personal.

Al comparar bombillas, comprueba los lúmenes para conocer la cantidad de luz, los vatios para el consumo de energía eléctrica, los kelvin para saber qué aspecto tendrá la luz blanca y el CRI/Ra y el R9, cuando estén disponibles. Comprueba también si la bombilla admite regulación y si es compatible con el regulador que piensas utilizar.

Un CRI alto por sí solo no demuestra que la luz sea cómoda para la vista, proteja los ojos o esté libre de parpadeo. Describe la reproducción cromática, no todas las cualidades de una fuente de luz. Comparar las especificaciones completas puede ayudar a identificar qué bombilla muestra mejor los colores que te importan, en lugar de elegir simplemente la que produce más luz.

Fuentes: Pplware.