El año 2026 marca una década desde que el caso de Cambridge Analytica se convirtió en un símbolo de la relación entre las redes sociales, los datos personales y las elecciones. Las nuevas controversias relacionadas con Meta en Brasil, junto con las expectativas en torno a las elecciones legislativas de mitad de mandato en Estados Unidos, muestran que las preguntas centrales planteadas por el escándalo siguen sin resolverse.
En las últimas semanas, Meta se ha enfrentado a una serie de acusaciones relacionadas con las elecciones de Brasil. Los críticos cuestionaron la eliminación y posterior restauración de un video del cantante MC Cabelinho relativo a acusaciones relacionadas con Flávio Bolsonaro, así como aparentes diferencias en la visibilidad y las recomendaciones de perfiles políticos en Instagram y WhatsApp. Pruebas difundidas por medios de comunicación también indicaron que Meta AI generó imágenes con mensajes de campaña para Flávio Bolsonaro, pero rechazó solicitudes equivalentes relacionadas con Lula.
Otros incidentes denunciados incluyeron una interrupción de casi 24 horas que impidió a la campaña de Lula promocionar publicaciones en los feeds de Instagram, además de preocupaciones sobre la moderación de contenidos. Los episodios provocaron preguntas a las autoridades electorales de Brasil sobre la neutralidad de las plataformas digitales.
Meta negó el favoritismo político en un comunicado publicado el 16 de octubre. La empresa atribuyó algunos incidentes a fallos técnicos, afirmó que los problemas identificados habían sido corregidos y sostuvo que sus normas se aplicaban por igual a todos los candidatos.
El escándalo de Cambridge Analytica mostró cómo la información personal podía transformarse en segmentación política. Una investigación dirigida por Michal Kosinski examinó si la actividad en Facebook, incluidos los “me gusta” de los usuarios, podía utilizarse para inferir características psicológicas. Según el material citado en el relato original, millones de personas completaron cuestionarios de personalidad, lo que permitió a los investigadores comparar sus respuestas con su actividad en la plataforma.
Posteriormente, Cambridge Analytica adoptó un enfoque similar con fines políticos. Una aplicación de personalidad atrajo a unos 300.000 participantes en 2014, mientras que la empresa también recopiló información de los amigos conectados con esos usuarios. El escándalo terminó involucrando los datos personales de 87 millones de perfiles de Facebook.
Christopher Wylie, antiguo científico de datos de Cambridge Analytica, describió a la empresa como una operación de propaganda que utilizaba perfiles personales para identificar a las personas más receptivas a las teorías conspirativas y luego exponerlas a contenidos personalizados. Brittany Kaiser, antigua directora de desarrollo empresarial de la compañía, afirmó que la estrategia se concentraba en los votantes que aún podían cambiar de opinión, especialmente en estados decisivos de Estados Unidos. Estos votantes recibían blogs, artículos, videos y anuncios diseñados para influir en su comportamiento.
El relato también describió el papel de los datos y la publicidad digital en la campaña de Donald Trump de 2016. Alexander Nix, entonces director ejecutivo de Cambridge Analytica, afirmó que la empresa utilizaba investigaciones sobre los votantes para desarrollar modelos de personalidad y distribuir videos altamente segmentados. Según se informó, la campaña gastó un millón de dólares diarios en publicidad de Facebook en el punto culminante del proyecto.
En su testimonio ante el Senado de Estados Unidos en abril de 2018, el director ejecutivo de Facebook, Mark Zuckerberg, reconoció que la empresa no había hecho lo suficiente para impedir que sus herramientas fueran utilizadas de manera indebida. Dijo que a Facebook le habían comunicado que Cambridge Analytica había eliminado los datos, pero informes posteriores sugirieron lo contrario. Zuckerberg también afirmó que Facebook había ayudado a la campaña de Trump de la misma manera general en que había trabajado con otras campañas.
Posteriormente, el debate pasó de la extracción de datos a la moderación de contenidos y la regulación de las plataformas. En enero de 2025, Zuckerberg dijo que trabajaría con Donald Trump para oponerse a los gobiernos que, en su opinión, estaban apuntando contra las empresas estadounidenses y promoviendo la censura. Meta también anunció el fin de su asociación con organizaciones externas de verificación de datos y afirmó que, en su lugar, los usuarios podrían añadir correcciones a publicaciones potencialmente falsas o engañosas.
En Brasil, el Tribunal Supremo Federal amplió las circunstancias en las que las plataformas digitales podían ser consideradas responsables de contenidos delictivos u ofensivos publicados por los usuarios. La decisión, concluida en junio de 2025 mediante una votación de ocho a tres, modificó partes del Marco Civil de Internet del país. El asunto fue revisado nuevamente en 2026 por el tribunal y por el gobierno del presidente Luiz Inácio Lula da Silva.
Las controversias en torno a las elecciones de Brasil y la influencia constante de las plataformas sociales en las campañas políticas ilustran cómo han evolucionado los problemas expuestos por Cambridge Analytica. La tecnología, las normas y las alianzas políticas han cambiado, pero las disputas sobre los datos, la persuasión, la moderación y la rendición de cuentas de las grandes empresas tecnológicas siguen siendo fundamentales para la relación entre las elecciones y las redes sociales.
Fuentes: Olhar Digital.