La administración Trump ha intensificado sus esfuerzos para cuestionar los procedimientos electorales antes de las elecciones de mitad de mandato, mientras muchas de sus iniciativas han encontrado resistencia de los tribunales federales, funcionarios estatales y expertos electorales.

Bajo la dirección del fiscal general Todd Blanche, el Departamento de Justicia ha buscado acceso a registros electorales sin tachaduras, ha cuestionado las prácticas electorales estatales y ha advertido a los funcionarios sobre posibles consecuencias penales por el manejo de los registros electorales. El departamento también ha planteado repetidamente preocupaciones sobre supuestos votos de personas no ciudadanas, aunque el artículo señala que los casos verificados son extremadamente raros y que las investigaciones bipartidistas no han respaldado afirmaciones sobre una actividad generalizada.

El jueves, el departamento envió cartas a funcionarios electorales de los 50 estados advirtiendo que podrían emprenderse acciones penales si los registros electorales no se conservaban durante 22 días. Un juez federal había criticado anteriormente amenazas similares formuladas por la administración en otro caso.

Expertos jurídicos dijeron que las acciones podrían contribuir a generar incertidumbre en torno a las elecciones incluso cuando las demandas subyacentes fracasen. Shelby Wayment, del Safeguarding Democracy Project de la UCLA, dijo que la estrategia podría permitir a la administración cuestionar la legitimidad de los resultados después de la votación. El Departamento de Justicia rechazó esa caracterización y afirmó que estaba siguiendo los hechos y la ley, no un calendario político.

Según un análisis del Brennan Center citado en el artículo, los tribunales federales de distrito han fallado contra la administración Trump 34 veces desde 2025 en casos relacionados con el acceso a los registros electorales y las órdenes ejecutivas. Justin Levitt, exfuncionario del Departamento de Justicia, describió muchas de las iniciativas como esfuerzos para proyectar control, al tiempo que subrayó que las elecciones son administradas por autoridades estatales y locales.

En California, el Departamento de Justicia demandó para obligar al estado a apartar las papeletas enviadas por correo vinculadas a aproximadamente 20.000 votantes que, según afirmó, no eran ciudadanos. Un juez federal rechazó la solicitud en una orden enérgica, y posteriormente se denegó una apelación. El juez cuestionó tanto las acusaciones de la administración como la manera en que había calculado la cifra.

Una revisión de la lista del departamento realizada por la Coalition for Humane Immigrant Rights determinó que más del 40 por ciento de los nombres no figuraban en los registros electorales actuales de California, según un escrito judicial citado por el artículo. El Departamento de Justicia cuestionó la forma en que el grupo había manejado los datos y pidió a un juez que considerara posibles procedimientos por desacato. También emitió citaciones de un gran jurado a funcionarios electorales locales.

En Alaska, el Departamento de Justicia presentó una demanda para impedir la certificación del resultado del Senado si gana la demócrata Mary Peltola. El caso se refiere a un candidato cuya presencia en la papeleta podría restar votos y cuyo nombre se parece al del republicano titular Daniel Sullivan. La Corte Suprema de Alaska había fallado previamente que el candidato podía permanecer en la papeleta.

El gobernador de Alaska, Michael Dunleavy, ordenó una investigación para determinar si podían presentarse cargos estatales contra Peltola y dijo que no podía comprometerse a certificar su victoria mientras continuara la investigación. Posteriormente, un juez federal desestimó la demanda del Departamento de Justicia, al dictaminar que su solicitud probablemente entraba en conflicto con el derecho de los votantes a una papeleta secreta. El departamento pidió entonces a un tribunal de apelaciones que revocara esa decisión.

El Departamento de Justicia y el Departamento de Seguridad Nacional también han formulado afirmaciones sobre supuestos votantes no ciudadanos en Nevada y Washington. Inicialmente, el DHS dijo que había identificado a más de 270.000 votantes no ciudadanos en cuatro estados, incluido Nevada. La cifra comunicada para Nevada posteriormente descendió de 15.903 personas a 185, pero funcionarios de Nevada dijeron que sus registros demostraban que esas personas eran ciudadanas y que el gobierno federal no había proporcionado pruebas sustanciales en contrario.

En Washington, el Departamento de Justicia dijo que los datos federales indicaban que unos 400 no ciudadanos estaban registrados para votar y pidió a los funcionarios que aislaran sus papeletas. El secretario de Estado, Steve Hobbs, criticó el momento de la solicitud y dijo que el departamento no había proporcionado pruebas individualizadas, explicado cómo se había compilado la lista ni identificado sus fuentes.

Una demanda separada en Texas, presentada por el Partido Republicano del condado de Potter, busca impedir la certificación a menos que todas las papeletas se cuenten a mano. El escrito cita supuestos riesgos derivados de la inteligencia artificial y de componentes de máquinas de votación fabricados en China, pero el artículo afirma que esas alegaciones se presentaron sin pruebas. Levitt desestimó la demanda por considerarla carente de seriedad.

David Becker, del Center for Election Innovation and Research, dijo que esperaba que la administración sembrara dudas o cuestionara los resultados si las elecciones no se desarrollaban como quería el presidente Trump. Al mismo tiempo, afirmó que hasta ahora los tribunales y las instituciones electorales habían resistido los esfuerzos de la administración.

Fuentes: WIRED.