A menudo se considera que el carisma es una señal de autoridad, pero su poder persuasivo también puede hacer que las personas sean más vulnerables a la desinformación y la manipulación. La capacidad de hablar con seguridad, mantener el contacto visual, contar historias convincentes y expresar certeza moral puede aprenderse, lo que permite a las personalidades de internet desarrollar influencia independientemente de sus conocimientos o intenciones.
Las señales de advertencia son especialmente importantes cuando las personas hablan de temas complejos que están fuera de su especialidad. Las afirmaciones seguras sobre salud mental, atención médica, finanzas, geopolítica u otros asuntos importantes pueden sonar convincentes incluso cuando distorsionan los hechos. Los desacuerdos amplificados por feeds en línea separados y por influencers han contribuido a opiniones cada vez más polarizadas sobre temas como las vacunas, el cambio climático, el género y la forma de la Tierra.
El carisma en sí no es algo nuevo. Los dictadores, líderes de sectas y estafadores han utilizado durante mucho tiempo el encanto para ganarse la confianza y promover sus intereses. Lo que ha cambiado es la escala de la comunicación moderna. Las redes sociales y los pódcast pueden exponer a millones de personas a fragmentos cuidadosamente seleccionados de la personalidad de alguien, mientras ocultan las debilidades y defectos que serían más evidentes mediante un contacto personal y prolongado.
En las pequeñas comunidades de cazadores-recolectores, las personas tenían la oportunidad de observar continuamente a los posibles líderes, incluido su comportamiento bajo presión. Era más probable que el carisma se contrastara con la competencia, el juicio y el carácter. Las plataformas digitales, en cambio, permiten a los individuos mostrar únicamente sus cualidades más atractivas. La psicología humana no evolucionó para evaluar estos fragmentos aislados y muy editados del comportamiento, lo que deja al público susceptible a impresiones que quizá no reflejen la realidad.
El artículo sostiene que esta vulnerabilidad afecta tanto a los adultos como a los adolescentes. Las redes sociales algorítmicas existen desde hace solo unos 15 años, y los usuarios siguen siendo, en gran medida, inconscientes de la frecuencia con la que su diseño puede eludir el juicio cuidadoso. El ejemplo de la videobloguera de crianza Ruby Franke, quien fue encarcelada por abuso infantil después de que dos de sus hijos fueran encontrados golpeados y desnutridos, ilustra la brecha que puede existir entre una personalidad pública atractiva y la conducta privada.
El pensamiento crítico se presenta como la defensa más sólida. Las personas deberían aprender a evaluar las fuentes, interpretar la información, identificar los sesgos y distinguir la seguridad de la evidencia. Considerar los contraargumentos cuando una idea resulta emocionalmente convincente, así como estar dispuesto a cambiar de opinión, también son hábitos importantes.
Comprender los mecanismos de la comunicación segura también puede ser útil. Aprender cómo la forma de expresarse, la narración y el lenguaje corporal influyen en el público puede facilitar el reconocimiento de cuándo se utilizan esas técnicas para persuadir o engañar.
Por tanto, la respuesta recomendada ante una persona muy carismática no es la desconfianza automática, sino un mayor escrutinio. El público debería preguntarse qué experiencia tiene el orador, si cuenta con antecedentes de deshonestidad, qué podría obtener de una afirmación concreta y qué necesidades personales podría estar abordando el mensaje. El carisma puede atraer la atención, pero los hechos y la conducta del orador deberían determinar si esa confianza está justificada.
Fuentes: The Guardian Technology.